¿Qué es la Literatura?

¿Qué es la Literatura?

¿Qué es la Literatura? ¿Qué es el arte? ¿Qué es la cultura?

Desde hace unos días le estoy dando vueltas a la cabeza a estas y otras preguntas a raíz de la estupenda charla que vino a dar a mi instituto Silvia Hidalgo, autora de Dejarse flequillo. ¿Qué es la Literatura? ¿Y el arte? ¿Y la cultura?

La verdad es que no suelo escribir muchos posts sobre mis reflexiones, pero esta vez me apetecía hacerlo y dedicárselo a mis alumnos. A todos, en general, y a algunos en particular. (Seguro que estos segundos se verán reflejados en lo que voy a contar de una u otra manera)

En la facultad tuve un profesor diferente. Muy criticado por su modo de impartir clase y sobre todo por su manera de ver la Literatura y de hacerla. Pero a mí me abrió los ojos. Al menos me enseñó a ver que la Literatura no es sólo lo que siempre nos habían mostrado a través de un pequeño agujerito. Fuera de este había un mundo artístico mucho más amplio, heterodoxo, subversivo, feo, diferente, creativo, sorprendente… que también forma parte del arte, de la Literatura. Preguntándonos al estilo becqueriano ¿qué es la poesía?, nos enseñó que “poesía es todo aquello que se propone como tal

Poesía es todo aquello que se propone como tal.

Todavía resuena en mi cabeza la dichosa frasecita. Menudo loco, menudo poeta. Y es que ahí radica el secreto. El arte, la Literatura, la cultura son mucho más de lo que nos han dicho y de lo que nos marcan los ortodoxos, los que tanto saben de todo esto. Literatura puede ser un poema de Marwan. Literatura puede ser una de las imágenes de Chema Madoz o de Joan Brossa (poemas visuales). Literatura puede ser el romance al chorizo de uno de mis alumnos.

¡Claro! ¡Venga ya! Tenemos que abrir horizontes, no cerrarlos. Tenemos que enseñar que la creatividad no tiene fronteras y que hay belleza en lo feo; que es arte lo que no entendemos y lo que no nos gusta. Quitémonos ya las anteojeras y, sobre todo, quitémoselas a aquellos todavía jóvenes a los que les queda tanto por ver y aprender…

Con todo esto no quiero menospreciar la poesía de Bécquer, la pintura de Murillo, las novelas de Galdós. ¡No! Ni mucho menos. Los clásicos están ahí porque el tiempo los avala y porque su calidad es incuestionable, pero no siempre fueron clásicos e incluso en su momento, tuvieron detractores y a muchos no les gustó. Yo he crecido con los clásicos: me he leído El Quijote varias veces; me encantaban los “novelones” de Benito Pérez Galdós; disfruté como una enana leyendo La Celestina; Delibes fue el primer autor de “adultos” al que leí con apenas once o doce años. Pero cuando descubrí a Borges, a Cortázar, a Baricco, a Picasso, a Kandinsky, a los vanguardistas, a Galeano, a Chema Madoz, a Joan Brossa, a la poesía visual, al arte abstracto, el slam, el spoken Word, la música de World’s End Girlfriend… el mundo se amplió, inabarcable ante mis ojos.

El mundo se amplió, inabarcable ante mis ojos.

Y de esto hablaba Silvia Hidalgo en la charla que antes he mencionado. De que hay muchas formas de cultura y de Literatura y de que no debemos sentirnos mal ni menos listos ni menos cultos por consumirlas. Lo importante es acercarnos, acercarse al arte en cualquiera de sus formas, estilos, movimientos, formatos o manifestaciones. ¿Qué más da? Hay que leer. Hay que ver cuadros. Hay que escuchar música. Hay que sentir el arte, la Literatura. “Te veo”, como dicen en Avatar, “Tat twam asi” que dice el Hinduismo. Da igual cómo se diga porque el caso es ver y enseñar a ver.

Galeano lo refleja muy bien en uno de sus relatos de El libro de los abrazos:

“Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla. Viajaron al Sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando. Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura. Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre: -Ayúdame a mirar”.

Tenemos que ayudar a mirar a otros que no saben y para eso no podemos mostrarles el mundo a través de un pequeño agujero. Tenemos que saber ver para poder enseñar a ver.

El otro día una alumna me enseñaba una disertación que había hecho para Filosofía en la que se cuestionaba el sentido de la existencia. Para ella la respuesta a esta reflexión vital estaba en el arte. El arte nos salva. Cualquier tipo de arte. Cualquier género. Y me preguntó que cuál era para mí el sentido de la existencia (malditos y adorados adolescentes que hacen preguntas que los adultos a veces no sabemos ni contestar) y entre el galimatías que me salió en aquel momento, estaba el arte, estaba la Literatura.

Después lo he pensado mejor y sí, no es lo único, pero mi vida tiene sentido porque existen los libros, la Literatura. Porque mi madre me llevaba desde muy pequeña a la librería, con el dinero que me habían dejado los Reyes y comprábamos libros. Porque mi abuela me recitaba “Margarita está linda la mar y el viento” y el poema del “pollo tuerto” y se inventaba sus propios poemas y canciones. Porque mi profesora de Literatura del colegio me apasionó aún más por la lectura y por la escritura y me dio a conocer a Cortázar, a Borges, los caligramas… Porque mi profesor de la facultad me brindó la oportunidad de conocer un mundo literario subversivo. Porque muchos amigos me han hecho descubrir autores y libros imprescindibles.

Y no soy feliz gracias a ellos o mi vida tiene sentido sólo por ellos, pero sí soy un poco más feliz porque existe la Literatura y sí tiene algo más de sentido la vida porque el arte la llena.

¿Poesía o reggaetón?

Me gustaría hacer un guiño a algunos de mis alumnos (bueno, y a los que no lo son) con uno de los millones de test que llenan últimamente las redes sociales. No suelo hacerlos porque me parecen chorradas, pero este me pareció divertido y creo que más de uno se sorprenderá al hacerlo: ¿Poesía o reggaetón?

Desmayarse, atreverse, estar furioso…” de Lope de Vega o “Ella me peina el alma y me la enreda” de Alejandro Sanz. ¿Qué más da? Ambos fueron concebidos como arte y, por tanto, lo son. Son poesía, son palabras, son vida. Son arte. Arte del que salva, nos libra de la ignorancia, nos hace estar en el mundo, nos completa, nos rebosa, nos enfada, nos sorprende, nos cuestiona, o simplemente nos gusta.

No pongamos límites al horizonte y concibamos la cultura en toda su grandeza y amplitud. Animemos a nuestros adolescentes y jóvenes a acercarse a la cultura en cualquiera de sus formas. Enseñémosles los clásicos y aceptemos a Marwan o a Defreds también como referentes culturales del siglo XXI. Una cosa no quita la otra.

 

Si quieres leer otra de mis reflexiones, pincha aquí.

 

Emoción en mi clase de Lengua

Emoción en mi clase de Lengua

Pues sí, puede haber emoción en la clase de Lengua. Puede haber lágrimas de risa y de sentimiento. Yo hoy las he conseguido. Y ha sido el mejor regalo de final de curso que mis alumnos han podido hacerme.

Hoy llevaba preparadas dos cosas especiales para hacer, en 2° de ESO, aunque no creía que fueran a resultar tan bien como lo han hecho.

¿Sabéis lo que ha creado emoción en mis clases?

Hoy llevaba pensado un teatro improvisado (ya he hablado de él en http://nuestraspalabrassonmagicas.com/actividades-expresion-oral-teatro-improvisado-la-caja-las-historias/), bueno, para ser sincera llevaba pensados dos, por si acaso uno no daba de sí mucho, tenía otro. Para el teatro improvisado siempre llevo pensada una situación, que se va desarrollando en la clase en función de lo que responden mis alumnos y cómo responden. En la primera situación un director de orquesta francés muy engreído, ponía a todo un conjunto de músicos y cantantes a montar un espectáculo donde todos tenían una función. Ha sido divertido porque la responsable española de los músicos ha querido sublevarse y brillar más que el pretencioso monsieur Harí Haró, cosa que este no ha permitido bajo ningún concepto.

En el segundo teatro improvisado ha vuelto Anselma, la mujer que iba a Choricillo del Campo en el primer teatro que hicimos. Ha bajado del autobús hy ha ido a Mercadona a comprar. Hasta ahí era lo que llevaba pensado, hemos terminado asistiendo al parto de trillizos de Joaquina, la mujer de mi primo Josemari, con bautizo incluido. Nos hemos reído un montón, se ha creado un momento de locura controlada que nos ha llevado a esa situación surrealista y tan divertida. Y al finalizar la clase, la reacción de una de mis alumnas:

“Maestra, si ya tenía claro que la asignatura de Lengua es la mejor, después de hoy no tengo ninguna duda. ¡Es la mejor!”

¡Qué satisfacción escuchar eso de una chiquilla de apenas catorce años! Solo por romper un rato con la monotonía de las explicaciones, fomentar la expresión oral improvisada y reírnos mucho.

¿Y en qué ha consistido el segundo momento?

El segundo momento de emoción del día ha sido con la otra cosa especial que llevaba preparada: una carta de despedida para mi otro grupo de 2° de ESO. Un grupo que a principio de curso era mi cruz y mi condena y que con el paso del tiempo hemos conseguido (entre ellos y yo) establecer una relación muy especial: he disfrutado con ellos explicando, corrigiendo, inventando… y conociéndolos y acompañándolos en un trocito del camino de sus vidas. Porque detrás de cada uno de ellos había una vida y una persona más allá de un mero alumno.

Ha sido una carta emotiva, donde había un mensaje para todo el grupo y mensajes particulares para cada uno de ellos. Una carta acompañada de música de fondo del gran Yiruma. Una carta que, me ha hecho emocionante y quebrar la voz en un momento de su lectura. Una carta que ha provocado lágrimas, pero de alegría y de emoción. Una carta que ha terminado con un silencio de emoción como nunca había visto.

Una carta que ha hecho que una de las alumnas a las que más he intentado apoyar y acompañar, se haya acercado a mí y, con toda la espontaneidad y el cariño del mundo, me haya dado un abrazo.

Así es que… ¿puede o no haber emoción en una clase de Lengua?

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