Actividades de expresión oral: teatro improvisado y la caja de las historias.

Actividades de expresión oral: teatro improvisado y la caja de las historias.

Este curso he decidido introducir algunas actividades de expresión oral no formales en mis clases: la caja de las historias y el teatro improvisado y, la verdad, es que ambas están teniendo mucho éxito, a mis alumnos les están gustando bastante y están participando de forma espontánea en ellas. Y lo mejor de todo, a mi juicio, es que se están divirtiendo y están perdiendo el miedo a las intervenciones en voz alta delante de toda la clase.
Las dos las realizamos en los cinco minutos finales de la clase, en un ambiente más distendido y no todos los días, así hay más ganas de hacerlas y las esperan con más emoción. Ellos saben desde el principio de la hora si toca teatro improvisado, caja de historias o nada. Saben que si nos demoramos demasiado en las explicaciones o corrigiendo porque charlen más de la cuenta, perdemos tiempo del teatro o de la caja e, incluso, corren el riesgo de no poder hacerlas ese día. Y saben que se van a divertir mucho. Lo que no saben es todo lo que aprenden sin darse cuenta, el buen rollo con el que terminamos las clases y que los tengo “enganchados” sin que se percaten.
Y, bueno, paso a explicar brevemente en qué consisten las dos actividades. En el teatro improvisado les planteo una situación dramática en la que participan cuantas más personas mejor. Yo me meto en el papel de un personaje que conduce esta situación teatral y que les va dando voz a los alumnos, otorgándoles un papel que ellos no eligen, pero que deben representar. De este modo, hemos montado en un autobús que iba a Choricillo del Valle con una mujer un poco cotilla y metomentodo que se asombra de que el conductor tenga catorce años y que rebusca en los bolsos y en las vidas de cada pasajero; hemos estado en la sala de espera de la consulta del médico con Anselmo, sus dolores de pierna y sus intentos de sobornar a médico y pacientes para no esperar cola o hemos asistido al juicio dirigido por la jueza Ocaña en el que juzgaban a un presunto ladrón por haber robado un boli sin tinta, un paquete de chopped vacío y otros objetos poco útiles, abogados, fiscales, acusado, testigos y el afectado pasan por el estrado conducidos por un alguacil. Y nos quedan muchas más situaciones: en una peluquería, en una reunión de negocios, en una clase magistral en la Universidad, en el robo de un banco, regateando en un bazar, en un rodaje de una película, en el patio de una guardería…
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(Foto tomada de Pixabay)

La caja de las historias es el segundo paso de mi intento de convertirme en cuentista y de llevar historias a clase. En un principio, todos los días contaba una breve historia a mis alumnos en los primeros cinco minutos de clase para captar su atención y lograr que se metieran en la clase y se concentraran. La verdad es que surtió efecto, pero requería mucho trabajo para mí, porque todos los días tenía que buscar una historia que creyera que les podía interesar, leerla y memorizarla (aunque las historias siempre sufrían cambios debido a mis lapsus de memoria…) Así, dejé de contarlas a diario, para dedicar sólo los viernes a narrarlas. Pero como la rutina en ciertos aspectos de mi vida no me aporta nada, decidí avanzar y cambiar la forma de contar las historias: las improvisaría, seguiría unos parámetros e invitaría a mis alumnos a convertirse también ellos en cuentistas; de ahí nació “la caja de las historias”

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Una caja de tomates, treinta y una tarjetas con las funciones de Propp, tarjetas con personajes y tarjetas con lugares y fechas: eso es la caja de las historias. Cogemos al azar una tarjeta de cada tipo y… dejamos volar nuestra imaginación. Nos han salido historias fantásticas, realistas, de amor, de muerte… Todo tiene cabida en la caja de las historias. Tras hacerlo yo unas cuantas veces, mis alumnos se han lanzado a inventar y narrar ellos historias también. Terminadas estas, vemos sus puntos fuertes y sus puntos débiles: extensión, estructura, empleo del lenguaje… Así matamos dos pájaros de un tiro. Les gusta y a mí me gusta y me gusta que les guste.